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Chile y la oportunidad que está perdiendo en las fintech

Hay aspectos regulatorios, culturales y de acceso a capital que deben cambiar para permitir el desarrollo local de estos servicios.

De seguro ya escuchó la palabra fintech en alguna conversación informal o en algún reporte de prensa. Pero lo más probable es que, tal como sucede como la gran mayoría, aún no entienda bien en qué consiste. Fintech es un apócope anglo de tecnologías financieras, concepto con la que se describe a todo un grupo de nuevas empresas que usan las nuevas tecnologías para cambiar procesos y modelos en cómo la gente obtiene, ahorra, invierte o gasta su dinero.

Muchos asocian fintech al bitcoin y las criptomonedas. Pero es algo mucho más amplio que eso. Hay empresas fintech que utilizan las nuevas tecnologías digitales para cambiar totalmente la manera en que nos pagan los sueldos, en que hacemos transferencias internacionales o recibimos subsidios del gobierno. Algunas están reduciendo los costos y simplificando los procesos para pedir préstamos, obtener seguros o pagar cuentas. Otras, con pocos años de existencia, se han transformado en verdaderos gigantes de la industria bancaria o de la intermediación bursátil.

Su impacto no es menor. Algunos estudios anticipan que, gracias a las fintech, se podrán incorporar 1.600 millones de personas de países emergentes a los servicios financieros de aquí a 2025 . Que las fintech incrementarán en US$ 4,2 billones (12 ceros) los depósitos globales y originarán 2,1 billones en nuevos créditos en los próximos siete años. Generarán además 95 millones de empleos y, gracias a la trazabilidad que genera, incrementará en US$ 110.000 millones la recaudación tributaria global gracias a impuestos que hoy no se están pagando.

Conscientes de este potencial, los inversionistas del mundo se están lanzando fuerte al desarrollo de estos negocios: en 2017, los fondos de venture capital destinaron US$ 16.600 millones en empresas de tecnología financiera.

Es algo que Chile debe mirar con atención: el buen estado de su industria, su infraestructura digital y las habilidades tecnológicas, podrían llevar al país a liderar el desarrollo de esta industria y generar servicios para el resto de América Latina. Las fintech ofrecen la posibilidad de cumplir el viejo sueño de hacer del país un hub de servicios financieros para la región.

No obstante, hoy la realidad fintech en Chile es muy débil, compuesta quizás sólo por dos o tres empresas con potencial de trascender.

Hay regulaciones actuales en Chile que complican mucho el desarrollo de estos negocios, y que deben cambiar. Por ejemplo, permitir que extranjeros puedan contratar servicios financieros locales sin necesidad de contratar un RUT. Se trata de una exigencia anacrónica pues obliga a los foráneos a “hacerse” chilenos para atenderse localmente. En esto y otros temas, hay que homologar la legislación con la de otros países que han tenido importantes avances en materia de innovación tecnológicas, como ha sido Inglaterra. Hay además que ajustar la normativa tributaria para que no haya desincentivos por ese lado a que los extranjeros contraten servicios en Chile.

Además, hay un importante cambio cultural que debe ocurrir en nuestro sistema bancario: los bancos chilenos son posiblemente los más sólidos de América Latina, pero no son los más veloces en la incorporación de nuevas tecnologías y procesos. Es importante que entiendan la profunda transformación que se está dando en la industria financiera y la obsolencia con que quedarán muchos de sus procesos en los años que vienen. La manera de enfrentar eso no es postergando los cambios, pues al final es el consumidor el que tiene el poder de elegir. Los bancos deben conocer las fintech, impulsarlas, adoptar algunos de sus servicios o financiarlas, en caso de que sea necesario. Es decir pasar de una etapa de cuestionamiento a una etapa de colaboración.

Y es que, a falta de capital, muchos emprendimientos en esta área se preocupan más de generar un flujo de caja positivo antes que de impactar: priorizan rentabilizar un pequeño grupo de clientes antes que impactar a una gran masa con un servicio de alta calidad y una estrategia de precios competitiva.

Las fintech van a cambiar la manera en que realizamos todas nuestras transacciones en los años que vienen, lo cual será un desafío para la nueva institucionalidad regulatoria para el área bancaria y de valores, que se va a consolidar en la CMF. La pregunta que urge responder es si queremos que nuestras empresas ofrezcan esos servicios o simplemente nos transformemos en clientes de proveedores globales.

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Autor: Cristobal Forno – CEO Capitaria